Cómo escribir un diario de gratitud

Por qué lo recomiendo

La gratitud es un antidepresivo natural. Cuando agradecemos, aumentamos la producción de dopamina y serotonina, dos neurotransmisores que regulan nuestro estado de ánimo. Y cuanto más agradecemos, más fuerte se vuelve la conexión neuronal que nos hace sentir bien.

Por eso el diario de gratitud es tan buena práctica.

Nos ayuda a enfocarnos, una o dos veces al día, o cuantas veces lo necesitemos, en las cosas que agradecemos, en qué nos hace bien, qué queremos seguir teniendo en nuestra vida (eso en lo que te enfocás, seguís atrayendo).

Nos pone de buen humor, nos relaja, nos da placer.

Recordemos que la mente se bloquea cuando no estamos bien. No podemos pensar con claridad y no tenemos tantas buenas ideas. Por eso, este ejercicio es beneficioso en todos los sentidos. No hay forma de que nos haga mal.

En el aspecto energético, necesitamos estar en paz con nosotros y con nuestra realidad para atraer las cosas que queremos. Cuando estamos enojados, ansiosos o inseguros, estamos bloqueando la manifestación en el plano físico de todo eso que ya es realidad en el plano energético. Es importante mantenernos abiertos y dispuestos a recibir, y para eso tenemos que estar bien emocionalmente.

Cómo se hace

Elegí en qué plataforma vas a escribir

¿En papel o en la computadora?

Según tus preferencias y tus necesidades específicas, elegí en dónde vas a escribir el diario de gratitud. Asegurate de que sea una plataforma que tengas cerca por lo menos una vez al día, para no perder la costumbre de escribir.

Podés usar el mismo cuaderno en el que escribís tus diarios a futuro.

Definí una rutina

Depende en qué situación te encuentres, vas a necesitar escribir más o menos seguido. Yo empecé escribiendo una vez al día, por la noche, porque es el momento en el que me siento inspirada para escribir. Podés escribir una vez a la mañana y una vez a la noche, o tres veces a la semana.

Escribí cuando vos prefieras, pero es importante que definas la rutina que vas a seguir, para no perder el foco y mantener la consistencia.

Esto es fundamental a la hora de adquirir un hábito nuevo, porque estamos creando conexiones neuronales nuevas y tenemos que ayudar a que se vuelvan fuertes y resistentes, para que se mantengan con el tiempo y nos beneficien a largo plazo.

Agradecé

Escribí diez cosas por las que estés agradecido.

Sí. Diez cosas.

Probablemente, te parezca mucho, pero es la idea. Vas a empezar poniendo cosas fáciles, obvias. Vas a llegar al punto de no saber qué más poner. Y ahí es donde empieza lo interesante, porque vas a tener que usar la creatividad para pensar por qué más estás agradecido en tu vida.

Es un ejercicio como cualquier otro: cuanto más lo practiques, mejor te vas a volver. Más detalles vas a encontrar en tu día a día para agradecer. Vas a ver cuántas cosas positivas te pasan y no te dabas cuenta.

Si te animás, no te limites a hacer solo una lista. Podés escribir un poco más sobre cada punto que agradecés. Leé lo que escribiste, meditalo. Permitite sentirte bien por unos segundos. Permitite sentirte bien.

Este ejercicio está basado en el libro “La magia”,
de Rhonda Byrne. Lo podés conseguir acá.

¿Qué hago si no se me ocurre qué escribir?

Pensá en cosas de tu pasado. Pensá en tu presente. Pensá en tus familiares, en tus amistades, en la gente que te quiere. En tu trabajo. En tu salud. En tu día a día. En vos. Agradecete a vos mismo todo lo que puedas.

Agradecé desde lo más pequeño hasta lo más grande.

El aire nuevo de cada día, el sol que te pone de buen humor, las paredes que te protegen, el colchón donde descansás, tus ojos que perciben todo, tus fosas nasales que te permiten oler la comida que te gusta, esa amiga que estuvo ahí para vos cuando tanto la necesitaste, tu mascota, la ducha donde te relajás y te renovás, el agua potable que tenés a tu disposición…

Una buena idea

Algo que a mí me sirvió mucho fue organizar los días por temas.

Un día, escribía diez cosas que agradecía sobre mi trabajo. Al día siguiente, sobre mi familia. Al tercer día, sobre el planeta Tierra. Y así sucesivamente. Eso me ayudaba a reflexionar en profundidad sobre cada aspecto particular, y a no perderme en la multiplicidad de posibilidades sobre las que escribir.

 

Date unos momentos cada día para sentirte bien. Para hacer consciente todo lo bueno que tenés y que normalmente das por sentado.

Practicar la gratitud es un camino de ida.

Una vez que adquirimos el hábito y experimentamos todos sus beneficios, ¡ya no podemos dejar de agradecer! Y ya no nos hace falta escribirlo en un diario, porque se vuelve una mentalidad, una forma de percibir las cosas, un estilo de vida.

Permitite sentirte bien.

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